Chichen Itzá

Chichen Itzá

En apenas 15 km2 yace la segunda zona arqueológica más visitada de México, nombrada una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno en el año 2007 y Patrimonio de la Humanidad desde 1988: Chichen Itzá, ‘boca del pozo de los Itzáes’ o bien ‘boca del pozo de los brujos del agua’.

Este destino del municipio de Tinum, es un infaltable en todo recorrido por la Península de Yucatán está plagado de cultura y de información que nunca dejarán de sorprendernos ¿sabías que en 2015 se descubrió un cenote justo debajo del Castillo de Kukulkán? Esto redefinió todo lo que ya sabíamos sobre esta impresionante construcción, ya que está justo al centro de cuatro cenotes y al sumarse uno más en esta posición, su significación se enriquece. Más allá de eso, uno solo de los muchos elementos que integran esta pirámide es la inaudita combinación de arquitectura y astronomía que nos regala en cada equinoccio un espectáculo único de luz y sombras.

Pero Chichen Itzá es mucho más que el Castillo, tiene además el Juego de Pelota más grande de Mesoamérica, un observador astronómico conocido como El Caracol y que ha permitido a los científicos evidenciar el gran conocimiento que los mayas tenían del universo, particularmente de Venus, también está el Templo de los Guerreros —donde está el Templo a Chac Mool—, el Patio de las Mil Columnas, la zona de Las Monjas, entre muchas otras edificaciones.

Chichen Itzá

No podrás irte del lugar sin visitar el imponente Cenote Sagrado, se dice que en nombre de la ciudad se debe a esta misteriosa formación hídrica que tiene una forma circular casi perfecta de 60 metros de diámetro. Éste era el centro de la vida religiosa no solo de esta ciudad sino de todos los pueblos maya, para ellos se trataba de la entrada al Xibalbá (inframundo o el mundo de los muertos) y como tal era digno de respeto.

La importancia que Chichen Itzá tenía para el pueblo maya es comparable con lo que Jerusalén significa para los pueblos judeocristianos, aún siglos después de la desaparición de los mayas, los pobladores de la península seguían haciendo peregrinaciones hacia ella, incluso el fundador de Mérida, pensó en este sitio para erigir la ciudad colonial, afortunadamente no fue así y hasta el día de hoy la podemos apreciar en toda su enigmática belleza.